CANTES DE IDA Y VUELTA

     
 SU MÚSICA Y SU RITMO.

       Los estudiosos no han valorado   un   aspecto que  hay en el Arte Flamenco, y al que los musicólogos tampoco han prestado su atención.  Y es la ductilidad de sus entonaciones y melodías, del sonido llamado flamenco apto para adaptarse a más diversas métricas   literarias. Tratándose  de una cualidad que permite al interprete meter  en la escala del cante los versos más diferentes.

      Desde el punto de vista musical el aflamencamiento   de una   de una música foránea resulta realmente interesante, manteniendo el el ritmo originario y el acento primigenio.   Ya   hacían  antes  lo  que hoya se llama arreglo musical, y lo hacían intuitivamente los cantaores   flamencos del   siglo   XIX con  los  aires folklóricos hipanoamericano, basándose en esto para dar vida a los cantes de IDA Y VUELTA.


RETORNO DE UNAS ESENCIAS MUSICALES ANDALUZAS.

       Según la teoría de José Blas Vega, en su  libro de “ TEMAS   FLAMENCOS ”, los cantes que evocan

Aires de allende el océano co0nstituyen musicalmente el   retorno de  unas   esencias   andaluzas, llegadas anteriormente   a   América,  después   de   haber   sido filtradas  sus  características más singulares por las influencias   naturales   de   unos   pueblos   en   ebullición, de un   paisaje  y de unos humanísimos latidos indígenas de distintas latitudes.

      Reacuérdese en esta aspecto que ya en el  teatro   del  Siglo   de   Oro los   bailes   y canciones de estilo americano ocupaban un lugar importante; así como la oportuna opinión que, a cerca del trasiego de estos ritmos y su aflamencamiento, Extébanez   Calderón expuso en 1.847: “En vano es que de las Indias llegen a Cádiz nuevos cantes y bailes de distintas aunque siempre de sabrosa prosapia; jamás se aclimatan si ante pasando por Sevilla, no dejan en   vil   sedimento   lo   demasiado torpe”. O   sea  que los aires folklóricos americanos sólo tomaban carta de naturaleza cuando en la ciudad del Betis, en la que residían los artífices flamencos de la época, adquirían perfiles y contextura flamenca al ser interpretados por los profesionales.

      Y tras esta acertada consideración del primer flamencólogo de  la historia, recordemos   también   que Charles Davillier, quien en su viaje por España en 1.862 contempló  a “ una joven gitana interpretando el tango americano con  extraordinaria  gracia”,  hablaba  del  llamado   “ PUNTO   DE   LA   HABANA ”, Entonación que asegura era muy popular por aquel entonces en Andalucía. La integración   en   el ámbito flamenco de este aire reseñado por Davillier, comenzó bajo  la denominación de GUAJIRA,   en la última década del siglo XIX , sin duda  debido   a   la influencia   de los   sucesos de   la   guerra   de Cuba   y   la repatriación de muchos españoles.


DIVULGACIÓN DISCOGRÁFICA DE LOS CANTES DE IDA Y VUELTA.

      Aunque hay referencia de que Curro Dulce cantaor de Cádiz, fue   uno de   los primeros interpretes de las Guajiras, lo cierto es que lo más constantes cultivadores de los cantes de Ida y Vuelta han sido cantaores

Payos.  Así consta ya   en   las  primeras   grabaciones   discográficas  de principio de siglo, con las que la Guajira alcanza gran  popularidad en las voces de Juan Breva, El Mochuelo, La Rubia, Escacena, El Niño de Cabra, El Niño de la Isla, El Niño Medina y El Pena (Padre).

      Como curiosidad  conviene resaltar aquí algunos de los títulos de Guajiras grabadas por el prolífico El Mochuelo: “Guajiras  vida mía, Guajiras de vuelta abajo, los de Cuba y Guajiras a dúo, cantadas en unión de la  Rubia.  Resulta   interesante, en efecto, la similitud de estos títulos con algunos puramente cubanos, como Punto vueltabajero y Punto coreado, que tanbién se canta a dúo.

      Después de la Guajira se popularizaron otros aires folklóricos llegados del nuevo continente, como las Vidalitas y las Milongas, que junto a las Colombianas, cante creado por Pepe Marchena en la misma línea musical, hicieron furor en los años treinta. Y  no  debemos   olvidar el aflamencamiento de la Rumba, que ha ido evolucionando progresivamente y que en  la  actualidad  es,   junto   a   las Sevillanas, el estilo más popular de todo el acervo flamenco.

      Después de las primeras grabaciones, la divulgación de los cantes de Ida y Vuelta se fue extendiendo 

Gracia a los registros discográficos de una larga relación de interpretes, algunos de capital importancia en la historia del cante, como Don Antonio Chacón, Pepe Marchena y José Cepero. A elos hay que añadir, entre otros, a Angelillo, Bernardo el de los Lobitos, Teresita España, El Garrido, Guerrita, El Americano,

Chaconcito, El Canario, La Niña de la Puebla,  El Niño de la Isla, Manuel Vallejo, El Chato de las Ventas, Pela el Molinero, El Pena (hijo), Niño del Museo, Miguel Herrero, Niño de Las Huertas, Luquita de Marchena, Pepe Pinto, etc, hasta Juanito Valderrama.


DECADENCIA Y RESURGIMIENTO DE LOS CANTES DE IDA Y VUELTA.

       Al   iniciarse la   etapa denominada  de  revalorización  del  Cante  Jondo, a finales de la década de los cincuenta, los estilos originario del folklore americano entran en   decadencia   y   casi en desuso, pues las teorías de los flamencólogos y de algunos de los cantaores más   significativos   del   momento   le   restan interés. Incluso se tiende a desprestigiarlos, tildándolos de escaso  jondismo  e ignorando  a   ultranza   sus valores musicales y la tradición por ellos alcanzada; hasta se culpa  a  sus   cultivadores  de  propiciar  una

peligrosa mixtificación del verdadero y más legítimo cante flamenco.

      Este planteamiento nada positivo tuvo gran influencia, quizás demasiada, en   los   nuevos   cantaores,  los cuales salvo raras excepciones, no han prestado atención alguna a las Guajiras  ni  a  las  Milongas. Si acaso, algunos han utilizado sus letras y sones para cantar por fiestas,  siguiendo  en  esta  modalidad a El Carbonerillo y Pepe Pinto, primeros cantaores en entonar las Colombianas  por  bujerías,  faceta en la que después destacaron Dolores de Córdoba y Adela  La  Chaqueta  . Lo  cierto  es, que  sin  embargo,  que la costumbre de entremeter giros de Guajiras en los  cantes  festeros  es  algo  tradicionalmente propio de los cantaores gaditanos, y que practicaron, entre otros artistas punteros, Pericón  de  Cádiz y Chano Lobato, y eso por la sencilla razón de que Cádiz fue  la puerta,   el   puerto,   por   donde  regresaron de América las esencias musicales americoandaluzas para  volver a su andalucismo de origen.  Como ha escrito Fernando Quiñones, se ha producido un singular trasiego  folklórico,  una ida y vuelta sobre el Atlántico, con un eje rector del fenómeno: Cádiz,   tocado   una   vez   para  siempre por   la   inconfundible garra   vital   de   lo sudamericano y por su variado sello.

      Los estilo de ida y vuelta resurgen hoy al socaire   de la próxima conmemoración del V Centenario del

Descubrimiento de América. La convocatoria de Huelva   de   un   concurso   de  interpretaciones de estos cantes, y la producción de un disco a cargo de la Junta de Andalucía, son hechos que han estimulado la recuperación y difusión de las Colombianas, Milongas Guajiras y Vidalitas. Son varios los cantaores que empiezan ya a incluirlos en sus repertorios, principalmente en sus discos, entre ellos el Perro de Paterna, Luis de Còrdoba que ha grabado un L.P. con todos los estilo de Ida y Vuelta y Enrique Morente. Este último con sus grandes dotes cantaoras, está llevando a cabo una excelente labor en torno a estos singulares cantes, que requieren una especial armonía tonal u melismática para mantener la calidad flamenca que supieron insuflarle una Pepa de Oro, su primera interprete, seguida de Escacena maestro máximo de estos cantes,  Pepe Marchena, su gran exaltador, Angelillo, otro de sus mejores divulgadores o Junito Valderrama, su último gran interprete. Y no hay que olvidar la reciente aportación a la Colombiana

de Ana Reverte, cantaora que se ha revelado en los últimos años como una especialista del estilo marchenero, interpretándolo con una acentuada tendencia a la floritura melismática y al alargamiento de sus tércios que le presta una carácter peculiar.

      Por todo ello las aficionados que gustan de los cantes de ida y vuelta, y que son más de lo que a simple vista parece, viven en la confianza de que volverán a alcanzar la popularidad y difusión de otros tiempos.

      Y si damos por seguro de que el cante flamenco se ha enriquecido en variantes con las canciones

folklóricas de los paises americanos, el echo en sí tiene desde nuestro presente, una importancia muy superior a la de cualquier otra teoría, más o menos fundada, que pueda elaborarse en relación con esa integración para negarla.

      Basta con tener en cuanta al respecto algo de capital importancia: si gusta una guajira, o una milonga, en un momento dado, es por la sencilla razón de que el cantaor con intuición y duende flamenco, ha sabido llevarla a ese inefable misterio de lo jondo, como puede ocurrir con la interpretación flamenca de un cuplé, pues en definitiva, las cualidades cantaoras del interprete son las únicas que pueden dar valor auténticamente flamenco a los cantes  ajenos al acervo más legítimo del arte andaluz.

      Ningún buen aficionado puede rechazar una buena Guajira flamenca como:

 

                                                          ES MI MULATA UN TERRON

                                                         DE AZUCAR CANELA HECHO,

                                                         QUE ARIMANDOSELO AL PECHO  

                                                         QUITA EL MAL DEL CORAZON.

                                                         ELLA VIVE CON EL DON

                                                         Y ANINGUN HOMBRE MALTRATA.

                                                         Y SI LA LLAMA INGRATA

                                                         ES MAS DULCE QUE LA UVA.

                                                         DEL AZUCAR QUE HAY EN CUBA

                                                         ES LA MEJOR LA MULATA,

        Si en ella el cantaor pone los alicientes y valores flamencos que antes señalábamos, porque constituye una versión más de lo flamenco, que ya incluían en su repertorio cantaores del siglo XIX de  la   trascendencia de Curro Dulce, por ejemplo.


“LA GUAJIRA”,  UN POEMA AMOROSO QUE SE CANTA.

      Etimológicamente, Guajira viene de guajiro, campesino blanco de Cuba, y en  su  origen  es   una canción popular que ha tenido proyección universal. Su tratamiento flamenco, después de las primeras variaciones melódicas que se conocen, lo estableció Pepe Marchena al requintar su interpretación de matices, pero sus aires primigenios, estrictamente cubanos, ya se advierten en las tonadillas  escénicas   españolas  del siglo XVIII.

      En su vertiente literaria, la guajira ortodoxa es una décima en versos octosílabos, composición poética española por excelencia, creada por el rondeño Vicente Espinel (1.550 – 1.624), poeta y músico al que  se atribuye la incorporación de la quinta cuerda   de  la  guitarra.  Tanto  en  su  versión cubana   como   en la flamenca, la temática de la guajira suele ser amorosa   y,  por  regla   general, de gran contenido popular, a la vez que de apreciable entidad lírica.

      Por otra parte la disposición de sus rimas, primera con  cuarta y  quinta,   segunda con tercera, septima con septima y  octava  con  novena,  crea  de  por  sí  una  musicalidad y sonoridad peculiarísimas, que los interpretes   acentúan   en   el   cante   con   sus   cadencias   melódicas,    y   en   el  caso de los flamencos intensificando el ritmo y alargando o recortando los tercios.

      En el conjunto de los cantes de ida  y  vuelta,   la   Guajira   es   el   que   ha marcado   básicamente las tonalidades generales y el que admite el mayor número de versiones y giros puramente flamencos.

 
“LA MILONGA Y LA VIDALITA”  DULCES CANTES EVOCATIVOS.

       En sus versiones flamencas, la Milonga y la Vidalita son tan  similares  entre   sí,  que difícilmente se distinguen, La palabra Milonga de origen rioplatense, significa baile o sitio donde se baila; mientraas que Vidalita procede del americanismo vidala, derivado de vida, y que, con el sufijo la, tiene el significado de la exclamación ¡oh vida vidita!.

      La cadencia literaria y musical de estas canciones argentinas es evocativa y  dulce,  característica  que se ha mantenido al ser llevadas a las entonaciones flamencas primero por  Pepa  Oro, y después en son de

Tango, por D. Antonio Chacón. Fue este maestro quién adaptó  la Milonga a  cante  para  escuchar, como informa José Blas Vega en su Vida  y  Obra  de D.  Antonio  Chacón. Según los estudios realizados por el citado autor, de las letras de Milongas del repertorio  de Chacón,  Pepe  el  de  la Matrona  ha   dejado una

grabación interpretada al modo de Pepa Oro que dice:

                                                     ERAN LAS DOS DE LA NOCHE

                                                    Y A TU PUERTA LLEGUE UFANO

                                                    CON LA BANDURRIA EN LA MANO:

                                                    DESPIERTA DIVINA FLOR,

                                                    DESPIERTA ANGEL DE AMOR.

                                                    LAS DOS ESTAN DANDO AHORA

                                                    Y SON DE LA MADRUGÁ.

                                                    Y SI ESTAS EMBELESÁ,

                                                    DESPIERTA DIVINA AURORA, 

                                                    ¡AY, CUCÚ!

                                                    Y TU ME ESTAS MATANDO.

                                                    ¡AY, CUCÚ!

                                                    Y YO NO PUEDO MAS.

                                                    SERRANA ME VOY CONTIGO

                                                    DONDE TU ME PUEDAS LLEVAR.

       La última estrofa que sirve de estribillo,  se  entonaba  a   un  ritmo  más  vivo, como si e tratase de un tanguillo.  Pero este ritmo se fue perdiendo con el paso  del   tiempo,   quedando   la Milonga más libre de ejecución, sobre todo cantada por Pepe Marchena, especialista y máximo difusor de este estilo.

      Ahora, con motivo de la recuperación de estos estilos,  es  el  momento   propicio para wue los nuevos interpretes intenten una vuelta a los orígenes de la Milonga Flamenca.


“LA COLOMBIANA”, CREACION DE PEPE MARCHENA.

       Aunque la Colombiana es, posiblemente, uno  de  los  estilos  de  Ida y  Vuelta  más divulgados, no se identifica con ninguna canción específica del folklore hispanoamericano.

      José  Blas  Vega,   en   su obra  Temas Flamencos, aparecida en 1.973, afirmaba sobre la Colombiana: “Hacia 1.930 aparece también un   nuevo estilo, la Colombiana, motivada más por una canción que por el influjo folklórico que pueda venir   de   Colombia”,.   Y en oro de sus escritos asegura que la Colombiana tiene una estructura definida, creada por Pepe Marchena,   y   que  todo los demás intérprete de este nuevo cante han seguido el mismo molde, por lo que apenas se encuentran variaciones de ningún tipo.

      Posteriormente Antonio Hita  Maldonado,   en   un   trabajo   publicado   en 1.986 en la revista Candil, abunda en opinión de José   Blas   Vega, y  en una documentación histórica  acerca de la creación de Pepe Marchena, sostiene que nunca fue un estilo   de   importación,   ya   que   jamás   existió la Colombiana en América: “Su nacimiento y posterior divulgación viene de los años treinta, cuando el   tan vituperado, por determinados artistas y críticos de esta generación, D.  José Tejada   Marín, Niño   de   Marchena,  junto a D. Hilario Montes, y tomando como base de su creación, entre otras formas musicales, la rumba española,

realizan una composición aflamencada a la que bautizan con el nombre  de Colombiana y que en segunda parte era interpretada a dos voces”.

      Pepe Marchena hizo varias grabaciones de Colombianas, la primera   en  1.931. El estilo se popularizó con rapidez y fue muy bien acogido por la afición de la época.

      En unas declaraciones ala prensa, también el guitarrista Sabica , atribuye a Pepe Marchena la creación de la Colombiana. Cuenta que le preguntó  “ Perdone  usted, ¿  y qué  cante  es  ése ? ”. A   lo   que   Pepe Marchena le contestó: “Pues es un cante que estoy haciendo ahora mismo”.  Y añade  Sabicas: “ y le puso la Colombiana”, divulgada por Pepe Marchena es la siguiente:

                                                           QUISIERA CARIÑO MIO,

                                                          QUE TÚ NUNCA ME OLVIDARAS,

                                                          QUE TUS LABIOS CON LOS MIO

                                                          EN UN BESO SE JUNTARAN

                                                          Y QUE NO HUBIERA NADIE EN EL MUNDO

                                                          QUE A ELLOS LO SEPARARAN.         

       La   Colombiana   tanto   por   su   aire   semejante   al   de   las   Milongas  y las Guajiras, como por la denominación un tanto caprichosa que le dio su creador, ha quedado incluida en  el contexto de los estilos de ida y vuelta, pero es indiscutible que ese contexto flamenco ha  adquirido   la  mayor difusión, hasta en versiones atangadas, a cargo de Manuel  Vallejo, y por Fandangos y por Bujerías.


VALORES ESTÉTICOS Y FLAMENCOS.

       Al   margen de   la   popularidad   que los estilos de Ida y Vuelta tuvieron en los Años veinte, treinta y cuarenta, cuando se interpretaban con profusión   en   discos   y en espectáculos, a veces por cantaores que

los mixtificaban llevados de   un   afán   exagerado   de   espectacularidad,   estos   cantes,   objetivamente estudiados y contemplados, tienen su importancia en el acervo del flamenco.

      El valor musical de su aportación musical al cante se halla en la cadencia de sus tercios estéticamente

Bellos, cualidad que seguramente fue lo movió a D. Antonio Chacón a interpretarlos, poniendo en ello su gran   personalidad, como se deduce de la siguiente afirmación de Joaquín Turina: “La típica Guajira que aún cantan los profesionales flamencos como Chacón, tiende a desaparecer envuelta en los virtuosismos

Y  melísmas con que se adornan los cantaores del género nuevo,  que, por variarlo todo, lo denominan ya Opera   Flamenca”.   Digna de   recordar   es   su  grabación   de la Milonga Argentina, con una letra muy íntimamente ligada, al decir José Blas Vega, a la relación amorosa entre Pepa Oro y su amante el cantaor El Macareno, y que dice así:

                                                  SI LLEGARA A SUCEDER

                                                  QUE ESTA INGRATA ME OLVIDARA,

                                                  SU CULPA LE PERDONARA

                                                  Y LA VOLVIERA A QUERER.

                                                  ¡PERO NO, QUE NO HA DE SER

                                                  QUE LA VUELVA A QUERER YO

                                                  ELLA MOTIVOS ME DIO

                                                  Y YO HICE JURAMENTO:

                                                  BORRAR DE MI PENSAMIENTO

                                                  MUGER QUE MI ME OFENDIO.

      En una glosa de la Milonga, como   cante   y   baile  difundido Pepa De Oro, Julián Cañedo ha escrito: “Luego,  aquel mago del cante, que se llamó Antonio Chacón, lo cogió  por  su  cuenta   y,   con   su   arte maravilloso, lo entonaba  con  frecuencia   en  las reuniones   no   muy   iniciadas,  haciendo suspirar a su conjuro a más de una señorita aristocrática y de las otras”.

      En definitiva, los estilos de Ida y Vuelta, en sus diversos   matices,   significan un enriquecimiento del flamenco, por lo que no pueden ser ignorados y mucho menos descalificados a   priori,   sino valorados en su justa dimensión, como aire propicios para percibir a través de ellos   una   música   flamenca de calidad  artística y refinada, que por sus dificultades tonales y melismáticas es de una diáfana originalidad.

      Así pues, cuando se inicia la   revalorización   de   estos   peculiares   estilos, debemos recordar que su legitimidad flamenca,  es tan real   como   la   de   cualquiera de   los   que compone el repertorio andaluz, forjados a lo largo de su historia por múltiples influencias folklóricas hasta erigirse en cante.

      Un arte que deja patente su capacidad para asumir cualquier   música   y   ritmo, insuflándole su sonío racial y único cuando, ñor ejemplo se manifiesta festeramente por  Guajiras en la voz de Pericón de Cádiz con letras tan tradicionales como las siguientes:    

                                                  QUE VIDA MAS ARRASTRADA

                                                  ES LA DEL PERRO CARRERO,

                                                  PICANDO LA MULA TORDA,

                                                  PICANDO AL BUEY DELANTERO.

 

                                                  CON MI PONCHO Y MI REBENQUE

                                                  ME PARO EN LAS CUATRO ESQUINAS

                                                  PARA TOMAR MATE AMARGO

                                                  DE LAS MANOS DE MI CHINA.

 

                                                  EN EL MUELLE DE LA HABANA

                                                  ROBARON UN COBERTO

                                                  Y EL QUE LO ROBO DECÍA:

                                                  PORQUE LO PUSISTES AL SOL.