La Opera Flamenca

Cartel de Opera Flamenca de 1940
En líneas generales y dentro de la historia del Flamenco, se le llama Opera Flamenca al periodo correspondiente entre 1.920 y 1.955, ya que los espectáculos de baile, cante, guitarra y canción que se prolifera por toda la geografía española, que organizan los empresarios y profesionales, y que preferentemente dichos espectáculos son celebrados en plazas de toros y grandes teatros.

El origen de su denominación se debe a que sus promotores aprovecharan ingeniosamente una disposición tributaria, por las que los espectáculos públicos, los de conciertos instrumentales y la ópera solo tributaban el 3%, frente al 10 % que tenían que tributar los de variedades, y no pagar por el mero hecho de anunciar los espectáculos flamencos en cuestión con grandilocuencia o exaltación desmesurada como normalmente se ha pensado mucho tiempo.

Esta época como la de la Opera Flamenca, ha sido debatida por los estudiosos, coincidiendo la mayoría en que resultando para la pureza y el desarrollo del arte flamenco de lo más nefasto, porque en aquellos espectáculos predominaban la interpretación de los cantes y porque abundaban los fandanguillos y los cuplés aflamencados. Anselmo González Climent, en su obra Flamencología, ha señalado acerca de la modalidad de la Opera Flamenca, los siguientes signos negativos: "Orquestación instrumental ", "Origen de la canción andaluza. Apogeo del cuplet flamenco, "Desjerarquización de la guitarra", "Preponderancia de los cantes livianos", "Desvirtuación de la copla", "Gaiterismo", "Estilizaciones" "Moda de la Zarzuela Flamenca", "Profesionalización total", "Resurrección de la pandereta", "Desprestigio intelectual", "Alianza periodística", y "Rendición de los buenos", puntos y consideraciones en los que se han apoyado todos los demás teóricos del flamenco para criticar el tipo de espectáculo denominado Opera Flamenca.

La Opera Flamenca como las demás etapas del cante flamenco, responde a una serie de circunstancias que promueve la misma época. No se puede provocar violentamente una etapa artística que duró nada menos que de 1.920 a 1.955. Primeramente fijaríamos dos períodos: 1.920-1.936 y 1.940-1.955, que aunque uno sea consecuencia del otro, son completamente diferentes, y donde características que han quedado generalizadas para la opera flamenca, no son aplicables para los dos períodos, tan distintos entre sí. Nos ha sido exageradamente presentada como algo nefasto y peligroso, en relación con la concepción artística de los puristas del tablero. Creemos que no fue así, al menos en sus inicios, ni creemos que tampoco dentro de su maremagnum. Ocurrió que con motivo de la desaparición de los Cafés Cantantes a partir del año diez, el Flamenco como espectáculo tuvo que refugiarse y buscar nuevos ambientes donde manifestarse. En estos años reina la variación y la incertidumbre: music-hall, teatro, fin de fiesta, colmados, cine, varieté, alterne con el cuplé. El auge del cuplé mató en parte al flamenco. Así mismo surge la pregunta ¿No tiene el flamenco fuerza propia como para ser un espectáculo público? No. Verdines es el que prácticamente lo organiza y le da carácter para serlo. Y a partir de 1.920 es cuando se agranda las actuaciones de los artistas flamencos. Los numerosos colmados típicos andaluces el flamenco adquiere una gran demanda, al ser llevado al teatro y al cine con gran continuidad.
Cartel de Opera Flamenca año 1935
Así mismo los medios especializados para estos espectáculos, tienen la exclusividad para la realización de concursos, espectáculos flamencos, dando el salto a la realización en plazas de toros y teatros. Otra forma que la gente descubre el flamenco, es por las ganas de diversión que justifica el exotismo y él corre de los alegres de los años 20, siendo escuchado el flamenco en hoteles y salas de listas de Madrid como Turo Park, Ideal Rosales, en el Music-Hall del Palace Hotel, en Majestic Club ect.

Como consecuencia de esta facilidad de contratos de trabajo, muchos artistas intimistas estuvieron tentados por las actuaciones teatrales, a excepción de José de la Matrona, Tomás Pavón, Aurelio Selles, aunque luego volvieron a cantar en sus lugares de siempre. El resurgimiento artístico de los Niños y Niñas en esta época del flamenco, fue rápido, pues pocos mantuvieron y consolidaron su prestigio no asegurando la momificación del cante ya que como afirma González Climent, lejos de los perjuicios de su calidad, una de las cualidades de la opera flamenca, reside en que había espontaneidad, naturalidad u aportes personales, cosas que no se desarrollaba en flamenco actual, haciendo todo lo que estaba a su alcance, y destacando lo positivo a nivel de los aficionados.

En esta época del flamenco, y al menos en el primer período no se puede decir que no hubo Buen flamenco, ya que entonces grandes cantaores estaban en su plenitud en este arte, entre otros D. Antonio Chacón, La Niña de los Peines, Manuel Torres, Tomás Pavón, Niño Gloria, La Pompi, Antonio El Mellizo, Enrique el Morcilla, Bernardo el de los bobitos, Paco Cepero.

(R.P.P.)